El nacimiento más extarordinario de la historia humana fue un 25 de diciembre. En un pesebre, con animales, en el medio del campo . Da pena entonces, que el significado social más evidente de estos días sean las decoraciones, las comidas y los saludos y regalos obligatorios, tan alejados de ello. Y en lo íntimo, la nostalgia suele ahogar la alegría. Recuperar el sentido profundo de la Navidad y expresarlo en lo cotidiano nos permite volver a lo esencial y renovarnos. Y para eso, hay que ser como niños. O aprender de ellos, con sus ilusiones, libertad y frescura. Ojalá la espera de estos días, nos lleve a la Nochebuena de la humildad y la esperanza.
HACIA UNA COMUNIÓN INVISIBLE DE CATÓLICOS PERPLEJOS
Hace 21 horas